Mientras agonizo

He terminado de leer «Mientras agonizo» de William Faulkner y me han entrado unas terribles ganas de llorar. Eso es tremendamente bueno.

De este autor ya había leído «El ruido y la furia», que me gustó bastante. Por eso compré varias de sus obras que me llamaron la atención por la temática, entre ellas esta, y allí se quedaron. Cuando una amiga me la recomendó lo único que tuve que hacer es ir a la estantería y cogerla.

En esta reseña prefiero quitarme primero los aspectos más prosaicos. No es un libro muy largo y se puede leer en cualquier sitio, ya que al igual que el anterior («Historia de los griegos») tiene capítulos cortos.

Respecto a la trama quiero decir poco, mucho menos que lo que nos explican en la contraportada, ya que creo que es mejor que Faulkner nos vaya explicando y desvelando lo que considere oportuno.

Hasta el momento en que leí este libro pensé que McCarthy tenía el monopolio de los personajes más desgraciados de la historia. Ahora tengo serias dudas y entiendo porque aquel compañero de trabajo en Manlleu me recomendó leer a Faulkner cuando le comenté que Cormac me estaba fascinando.

Los sucesos de este libro nacen de la semilla corrupta de dos almas crueles y mezquinas que condenan al resto de la ya desafortunada familia. Es un libro de aquellos en los que te descubres diciendo «no, no…no lo hagas, por favor» todo el rato, sabiendo que lo van a hacer. Todo es tan terrible que lo único que se puede asemejar a la fortuna es el hecho de una desgracia reiterada (rollo: aquello que está muerto no puede morir).

Lástima que tenga que preparar unas oposiciones que me obligan a leer un libro enorme de historia de las matemáticas porque me han entrado unas ganas terribles de leer lo último de McCarthy («El pasajero/Stella Maris») y tendré que aguantármelas.


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