
En la reseña de «Mientras agonizo» ya os comenté que tenía unas ganas locas de leer algo de McCarthy pero que me tenía que aguantar temporalmente.
Después de aguantarlas durante unos meses pude darle caña a lo último suyo que me quedaba por leer de él y me ha encantado. En este caso estamos, a priori, ante dos novelas muy relacionadas.
Me temía mucho, pese a saber que me gustaría, que de esta lectura sólo podría decir que es otro libro de McCarthy, pero por fortuna estaba equivocado. Si quieres leer algo de McCarthy que no sea «La carretera», «Meridiano de sangre» o algún libro de la trilogía de la frontera hazme caso y léete esto.
La estructura y técnica literaria de este libro me parece más madura y compleja que la de las otras obras del autor. Además de esto hay un pequeño giro: mientras en la mayoría de los libros de McCarthy se narra como una desgracia terrible se ciñe sobre las vidas de los protagonistas en este caso la desgracia ya venía de serie.
Se me hace complicado explicarlo sin destripar demasiado el argumento, pero intentaré hacerlo tan bien como pueda. En este caso el protagonista de «El pasajero» (íntimamente relacionado con el de «Stella Maris») se ve asediado y despojado de todo por culpa de un extraño suceso. Mientras que en una historia corriente, incluso de McCarthy, este proceso sería el que provocaría la ruina personal del protagonista en este caso le sirve como medio para abrazar y asimilar su desgracia y vivir en paz con ella. Siempre le digo a mi madre que la obra de McCarthy que mejor acaba es «La carretera» y ella me mira con cara de espanto, creo que ahora debería cambiar la muletilla.
De «Stella Maris» no quiero decir nada, la verdad. Solamente que está a la altura de «El pasajero».
Por último me gustaría añadir que durante la trama se habla bastante de física teórica y de matemáticas de alto nivel. Como estoy gris y un poco saturado de matemáticas he decidido cambiar la lectura que tenía planeada para después de esta (Logicomix) por algo más divertido. He optado por una historia loca de Pynchon. En la próxima entrada sabréis cuál.
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