
He leído «La fiesta del chivo» y, como decimos en Cataluña «ha estat de palla i mocador».
Aprovechando que el autor es Vargas Llosa quería hacer un chiste para empezar esta entrada pero, teniendo en cuenta el calibre de la obra de la que tenemos entre manos, creo que sería frivolizar. Tranquilos el chiste lo pondré al final.
Hará cosa de tres años una compañera profesora de castellano me dijo que debería leerme este libro. Lo compré, pues confiaba en su criterio, pero estaría leyendo alguna otra cosa y se quedó en la estantería.
Al cambiar de instituto otro amigo que lo había leído recientemente me dijo que era la hostia en vinagre, que me lo tenía que leer ya. Pero no le hice caso. Más adelante ese mismo amigo contrajo una enfermedad muy extraña: leer toda la prosa de Vargas Llosa, comprar todas esas obras (cuando ha sido siempre de libro electrónico piratilla) y volverse apóstol de Mario prestándolas. Evidentemente está loco y supongo que por eso lo quiero.
Viendo los estragos que el autor causó en él, definitivamente me decidí a leerlo. Qué maravilla. A las pocas páginas entendí el por qué de las recomendaciones.
Creo que jamás había leído a nadie que demostrase tanta maestría con los diálogos internos ni haciendo unas regresiones al pasado tan orgánicas. Todo esto tiene mucho más mérito teniendo en cuenta que muchos de los personajes importantes son reales. El pavo ha conseguido hacer algo que pensaba imposible: una novela histórica de alto nivel con una exquisitez literaria abrumadora inventando a un puñado de personajes y dotando de experiencias a otros tantos reales ha logrado que un suceso histórico me parezca una historia que sólo pudiera haber sucedido en la ficción.
Cuando me quedaban tres capítulos ralenticé la lectura todo lo que pude, me ponía triste pensar que no tardaría en terminarlo. Finalmente sucedió eso.
Esto es algo que sólo me ha pasado en muy escasas ocasiones y, lamentablemente, no recuerdo cuál fue la última.
He decidido que iré intercalando obras de Mario con otros autores para que no me suceda como a mi amigo (yo ya estoy suficientemente tarumba de serie).
Teniendo en cuenta todo esto recomiendo, sin ningún tipo de duda, la lectura de «La fiesta del chivo» a cualquier persona que tenga la concentración suficiente para leer 20 páginas seguidas. En muchas ocasiones pienso que, por su forma de ser, recomendaría una obra a algún amigo o conocido pero automáticamente me doy cuenta de que no lo leería por incapacidad.
Antes del chiste me gustaría hacer un breve comentario de otras cosillas que he leído pero que no considero que requieran una reseña.
La primera es la trilogía «La leyenda de Drizzt». De pequeño siempre la quise leer y este verano le eche el guante. Si tienes más de 12 años creo que ya no merece la pena. Ha sido un chasco, como todo con lo que en mi condición de niño pobre he decidido vivir de adulto (sí, Warhammer, te miro a ti).
La segunda «Cristiandad», tratado histórico sobre la expansión del cristianismo por Europa. Es lo tercero que leo de Peter Heather y da lo que promete. Si te gusta la historia y te interesa el tema es una buena elección. Es uno de aquellos libros de historia que sabe hacer la academia británica (en este caso irlandesa). Rigurosos, académicos y accesibles a profanos.
La tercera es «El libro de los seres imaginarios» de Borges. Es una antología con breves descripciones de criaturas fantásticas de diferentes folklores y obras literarias. Como no podía ser de otra manera las entradas que más molan son las copias textuales de los animalillos ideados por mi querido Kafka.
Ahora sí, el chiste:
Hace años a Vargas Llosa se le tiraron encima cuando dijo algo como que la gente no sabe votar bien. Estoy completamente de acuerdo con don Mario: en el momento en que votas ya la estás cagando.
Deja una respuesta