He terminado de leer «Ampliación del campo de batalla» y tengo poquitas cosas que decir al respecto. Esto va a ser breve, como el libro en cuestión.

De las tres o cuatro obras de Houellebecq que he leído es la que menos me ha gustado. Diría que el punto fuerte de Michel es escribir novelas, con sus diálogos, giros, tramas, etc. Es en estos contextos cuando su mordacidad y escabrosidad tiene gracia.

En este caso estamos ante algo así como un diario en el que un hombre desolado refleja sus pensamientos y frustraciones en la vida en el camino a una depresión producida por una sentimiento de extrema soledad.

Esto es algo muy difícil de hacer y quiero recomendar dos libros en que se pueden encontrar mucho mejor ejecutadas estas dos facetas. Uno es «la náusea» de Sartre. El otro es «la amante de Wittgenstein» de David Markson. Esta última es una recomendación que hacía siempre mi amado Foster Wallace. Es una novela un tanto experimental, que ha de leerse sin alargar el proceso demasiado en el tiempo, en el que una mujer sola en el planeta nos narra su vida y sus recuerdos, o lo que queda de ellos.

Aprovecho para informar de que haré un parón en este blog. Tengo que leer un libro infame que prometí leer y del que no pienso escribir nada al respecto por pura vergüenza. Cuando lo termine me pondré con algo de filosofia.

Leer filósofos me ayuda cuando estoy jodido con algo. Ver que gente brillante se rallaba tanto o más que yo y no encontraba soluciones me resulta reconfortante. Es algo así como una versión presuntuosa del «mal de muchos…». Tengo una crisis vital con el trabajo y por ello he decidido echarle un ojo a Kierkegaard, maestro de la angustia.

A ver si me aclaro y me pongo a escribir algún relato, que la cosa está todavía más parada que esto.


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