Cuándo terminé de leer «La fiesta del chivo» llegué a la conclusión de que quería poner a prueba a Vargas Llosa así que para pillarlo fuera de juego busqué una obra suya que se alejase del género casi histórico y biográfico en el que se ve que suele trabajar y encontré «¿Quién mató a Palomino Molero?». Para más inri, según se indica en todos lados, es una novela negra, un tipo de obra que jamás me ha llamado la atención con lo que se configuran unas condiciones óptimas para un juicio severo.

Me ha gustado mucho. Evidentemente no tanto como «La fiesta del chivo» ya que, tal y como confiesa el propio autor, se trata de una obra menor.

A diferencia de las grandes novelas policíacas aquí no hay un caso rocambolesco ni giros dramáticos en la investigación. Todo es bastante lineal y el caso se resuelve «grosso modo» tal y como se podría esperar desde un principio. Tanto que los vecinos de Talara se quedan insatisfechos con la explicación, acusan a los investigadores de vendidos y elucubran respuestas más misteriosas y escabrosas, pues ellos quieren su novela negra.

Las virtudes de este libro, por tanto, se encuentran en otro lado: la monomanía del teniente con una camarera y la capacidad del autor de describir la forma de vida de las familias humildes del Perú de la época con una viveza espectacular mediante un par de frases sencillas. Poco ruido y muchas nueces, pues. Al respecto de esto un amigo me comentó que Don Mario «et fa viure la Cochambre».

Otra cosa que me ha encantado ha sido como transmite el ambiente de racismo y clasismo imperantes en una sociedad en que los blanquitos desprecian con total naturalidad cualquier aspecto de la vida de los cholos y la interiorización de esta situación por estos últimos.

Teniendo en cuenta todo esto y que es una obra cortita y que ofrece una lectura muy ligera animo a todo el mundo a leer «¿Quién mató a Palomino Molero?».


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