A oscuras

Desde mi última reseña ha pasado mucho tiempo y no he leído solamente «A oscuras». También leí la primera trilogía de «Nacidos de la bruma» y algunos relatos asociados. Antes de hablar de la obra que motiva esta entrada quiero hacer unos pequeños comentarios de la de Sanderson.

Ya escribí en la reseña de «Elantris» que llegué a su obra por el adjetivo «dura» de su magia. En aquella ocasión me sentí bastante cómodo con ese concepto (lo único que me chirrió fue que en el momento adecuado una persona supiese los pasos exactos que había hasta otra ciudad). En «Nacidos de la bruma» me he sentido un poco defraudado.

Prácticamente todos los libros comienzan o terminan con que uno de los protagonistas logra hacer algo que se supone no puede suceder. Finalmente Sanderson nos da una explicación a todo pero de una manera que creo que le habría permitido justificar cualquier cosa. ¿Si J.K. Rowling hubiese dado una explicación de este estilo a los sucesos mágicos de su obra también se la podría haber calificado como dura?

Parece ser que la rigidez del sistema mágico se encuentra en la estructura que lo configura que ha de ser común al resto de mundos de su universo pero eso no lo sé.

Aparte de esto me ha parecido que tenía una narrativa bastante adolescente, pero quizás es algo único de esta trilogía.

Centrándonos ya en «A oscuras» siento mucho decir que algo malo me está sucediendo con Pynchon. En «Al límite» ya comenté que por culpa de mi momento vital no pude disfrutar mucho de ella. Aquí estamos un poco en las mismas aunque hay algo más.

Por lo que hace referencia a mí, creo que me he quemado bastante de leer. Aunque la lectura siempre ha sido mi afición más constante, jamás me había visto en la tesitura de que fuese mi principal actividad (salvo en verano) durante tanto tiempo y creo que me ha pasado factura. Puedo hacerma una idea de lo que le sucedió al pobre Alonso Quijano. Generalmente cuando estoy terminando un libro ya pienso en cuál será el siguiente y lo mejor de las vacaciones es que aprovecho para leer esas obras que por longitud o complejidad se hacen difíciles de disfrutar en otros momentos del año. Ahora mismo no quiero leer nada, estoy saturado.

Centrándonos ya en la obra, con «A oscuras» tengo un par de problemas.

El primero es que en la traducción hay bastantes erratas, me imagino que serán cosas propias de una primera edición.

La otra es que el Pynchon de «A oscuras» es diferente. El narrador se encuentra en un espacio extraño que no sé definir. La narración es en tercera persona pero en ocasiones parece que sea un amigo del protagonista que solamente puede conocer lo que éste sabe mientras que otras veces parece ser omnisciente.

Algo extraño sucede también en los diálogos. Generalmente en sus obras siempre tienes claro quién habla y aquí eso no sucede. Da la impresión que le ha dado pereza hacer aclaraciones.

Siempre he pensado que la magia de Pynchon es hacerte sentir como si un autobús te hubiese arrollado. Sabes dónde estás ahora, sabes dónde estabas pero ni idea de cómo has llegado y de golpe te comenta algo que sabes que has leído hace poco pero no sabes discernir cuándo. Lo único que tienes claro es que de golpe puedes estar rodeado de dentistas ninja o de gente incapaz de morir sin que haya sucedido nada extraordinario en el proceso. En «A oscuras» me he sentido extremadamente confundido todo el rato y eso que problablemente se trate de su novela más simple en lo que respecta a trama y relaciones entre personajes.

Mientras que con «Al límite» tuve claro que el problema fue completamente personal aquí no puedo dejar de pensar en que algo en la propuesta de «A oscuras» está mal.


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