Tal y cómo dije en su momento he tenido que hacer una bajada en el ritmo usual de lecturas para preparar unas oposiciones a las que finalmente no me presenté.

Como tengo un miedo kafkiano a la burocracia y ciertas «resistencias psíquicas» que hacen que evite hacer lo que es central para liarme la manta a la cabeza saliéndome por la tangente, durante el proceso de pseudopreparación he leído dos libros.

El primero, del que diré poco ya que creo que hay poco que explicar en relación a los objetivos de este blog, ha sido «Historia de la matemática» de Carl B. Boyer. Básicamente me ha servido para descubrir que no tengo ni idea de matemáticas.

El segundo libro es el que pone título a esta reseña: «La ciudad de las damas» de Christine de Pizán. No es el libro de mi vida, para qué engañarnos pero he disfrutado con su lectura. Me ha gustado ver cómo en su momento instituciones como el matrimonio y estructuras ideológicas como la religión cristiana sirvieron para articular discursos feministas en el momento de su publicación.

También me han llamado mucho la atención la mezcla de personajes ficticios y reales en la que se otorga a ambos tipos la naturaleza histórica de los segundos (por ejemplo las amazonas y Alejandro Magno), llamar reinas a diosas de la antigüedad como Minerva o Atenea (había que evitar el paganismo a toda costa) y las supuestas predicciones de la venida de Cristo por parte de las sibilas.

Es un libro cómodo de leer y de llevar, así que si te surge la oportunidad creo que estaría bien que lo leyeses. Hay cosas mucho peores por ahí.


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